Esta es la historia llamada “El usuario del implante en el espejo”.  

Con la propuesta de la nueva versión de Neuralink, el último desarrollo de conectividad propuesto por Elon Musk, esta historia, que tenía guardada hace años, cobra mayor vigencia que nunca.

La comparto solo con el fin de suscitar la imaginación y una visión del futuro más optimista.

Es acerca de un señor que está hablando con la operadora de la empresa de comunicaciones y se queja porque su diadema de vinculación mental con los dispositivos ha estado funcionando mal desde hace algunos días. Acá va:

Mi implante no funciona

– “¿Cuál es su problema?”, pregunta la operadora.

– “La diadema que me dieron está funcionando mal”, responde con enfado el usuario.

– “¿Qué le está fallando a su diadema?”, pregunta la operadora, con un tono conciliador.

– “Mire señorita, a veces obedece mis comandos y a veces no. Por ejemplo, ahora que la traté de llamar, me vi obligado a buscar el celular para comunicarme porque no fue posible que la diadema obedeciera.” Clama el usuario y agrega con tono enérgico: “Ah, y ayer en la mañana, cuando traté de encender la lavadora, me tocó usar los controles porque no hubo poder humano. ¿Me entiende?”

– “Voy a hacer una revisión remota para definir si es una actualización”. – La operadora teclea algo y se alcanza a escuchar con nitidez.

– “Esto ha venido sucediendo desde hace como tres semanas, señorita. Cuando comencé a salir con mi novia. Ella lo ha notado. Al principio no le di mucha importancia, pero siempre hay algo que falla”, comenta el señor mientras escucha el teclado y la respiración pausada de la operadora, lo cual delata que es humana.

El usuario del implante en el espejo

– “Señor: ¿Hace cuánto que es suscriptor de nuestro servicio?”

– “Desde hace más de cinco años, señorita. ¿Qué tiene que ver eso con el daño de la diadema? – Pregunta el usuario un poco enfadado.

– “Señor: Según el análisis, la diadema está bien. Pero para que esta funcione adecuadamente debe estar vinculada a un servicio que está registrado con su chip. Este chip es el que se ha implantado en su cráneo. ¿Ha hecho prueba de funcionamiento del chip?”

En ese momento se genera un silencio. El usuario está entrando a su baño y se planta frente al espejo. La operadora revisa los registros de actualizaciones y funcionamiento de los dispositivos, es decir, de la diadema y el chip.

– “No. Honestamente, es la primera vez que pienso en que tengo que revisar el chip. Es más, nunca me dijeron que debía revisarlo…”

El usuario se mira su cabello, lo levanta y, con un sobresalto, abre sus ojos estupefactos. Donde debía estar el chip, solo hay un huequito minúsculo, una costra cubre el huequito y nada más.

Y, mientras la operadora pregunta “¿Ve dónde está su chip?”, al tiempo el usuario responde “¡El chip no está, señorita! ¡No está implantado!”.

– “¿Y cómo ha operado entonces su celular, el hogar conectado y su oficina, su auto, todos los dispositivos que aparecen conectados en su registro?”, pregunta incrédula e inquisitivamente la operadora.

Silencio.

El usuario sigue mirando su cabeza y con la yema de su dedo índice se palpa el huequito al que nunca había dado importancia, pero que marca una gran diferencia entre estar y no estar conectado, entre tener y no tener servicio.

– “¿Señor? ¿Sigue conectado?” – pregunta insistentemente la operadora. Con algo de preocupación y con el ánimo de volver a saber del usuario que no tiene su chip.

– “Señorita: ¿Podría rastrear la ubicación de mi chip?” – pregunta el usuario con algo de incertidumbre y confusión.

– “Con mucho gusto señor. Recuerde que para que opere perfectamente, este chip debe estar conectado con la interfase neuronal que está dentro de su cráneo”. – La operadora, en su sistema ordena la búsqueda del chip y la respuesta es aún más confusa. “Señor: ¿Está en su casa?”- Pregunta la operadora.

– “Si, lógico. Estoy hablando desde mi celular que está conectado con la diadema. El chip debe estar por acá, en algún lado y sigue vinculado a mi cerebro, a la interfase de alguna manera. De otra forma no estaría haciendo esta llamada telepática y no la estaría escuchando”.

– “Como sabe, y como todo lo demás, el servicio de millas y atención al viajero de su aerolínea también está vinculado a su chip” – Afirma con una voz temblorosa y asustada la operadora. – “¿Ha revisado sus millas?, pregunta con algo de temor.

– “¿Y qué tiene que ver mi servicio de millas con mi chip, señorita? La última vez que viajé fue hace seis meses A  Europa” – afirma el usuario, con un tono de voz más alto, cercano al grito. Luego cambia de tono y se dirige a su teléfono: “Celular: Muéstrame cuántas millas tengo acumuladas”.

Un dato impresionante

– “Tiene dos millones seiscientos noventa y siete mil. En dos horas, cuando llegue a España, completará dos millones setecientos cuarenta y dos mil millas. ¿Desea reservar algún vuelo o un hotel en este momento?” pregunta amablemente el asistente personal del celular.

“Eso no puede ser. Tenía apenas cien mil millas. No voy a España. ¿Qué está pasando Señorita?” – Pregunta confundido dirigiéndose de nuevo a la operadora quien escucha atenta mientras recibe la ubicación del chip.

– “Señor: Su chip está en una rendija entre dos sillas en el avión que usó para viajar a Europa. Desde hace seis meses no tiene el chip conectado. Señor, no sé cómo lo hace, pero usted ha estado comunicándose y dando órdenes de forma telepática y telequinética a todos los aparatos sin conexión alguna”.

– “¿Y eso tiene algún costo adicional?”, pregunta el usuario.

– “Creo que no me ha entendido, señor”.

Un silencio que arrancó como un momento para distanciarse, se convierte en el mayor vínculo entre la operadora y el usuario.

– “En realidad si la entendí…” El usuario se quita la diadema y le busca el indicador de energía. Está en cero. Se queda mirando ante el espejo del baño. Su mano baja y suelta la diadema que apenas hace un ruido mudo sobre el tapete.

– “Señor, ¿está bien? ¿Me escucha?”, pregunta la operadora con tono ansioso.

El usuario se mira al espejo, mira sus ojos y sonríe. –“La escucho perfectamente. Si la necesito nuevamente, la busco. Feliz día”, – La operadora trata de decir algo más, pero el usuario, simplemente, interrumpe su conversación telepática mientras sale del baño y, a su alrededor, todos los aparatos, las lámparas, los robots de aseo, todo, comienza a funcionar. La puerta principal del apartamento se abre y, mientras él sale, se comienza a cerrar suavemente. La puerta tampoco está conectada.

El usuario del implante en el espejo tiene derechos de autor.

Neuralink Concept by Elon Musk

Neuralink Concept by Elon Musk

El usuario del implante en el espejo.