¿Desempleo digital?


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Muchas personas tienen miedo de perder sus empleos por culpa de la transformación digital y la automatización. Algunos empleos que hoy consideramos comunes inevitablemente desaparecerán o serán actividades exóticas, artesanales e incluso marginales.

Los herreros, por ejemplo, resultaban vitales para las comunidades del siglo XIX y anteriores. Un hombre experto en forjar hierro y templar acero era necesario para múltiples tareas que arrancaban con la fabricación de las herraduras y los clavos para que los caballos pudieran transportar cargas y personas; también, para fabricar otras herramientas para la granja y otras labores, como clavos y martillos, hachas, machetes, hoces, rastrillos, serruchos y cuchillos, entre otras. ¿Se imaginan tener la mala suerte de contar con un pésimo herrero en el pueblo en esa época? La logística, las comunicaciones, la seguridad y hasta la alimentación podían bajar dramáticamente de calidad para todos sus habitantes de una población.herreros+NYC

Los herreros era símbolos del desarrollo tecnológico y del poder de una comunidad. Las espadas, los muebles de calidad y los utensilios metálicos marcaban la diferencia entre un pueblo decadente y uno poderoso.

En el siglo XX, con la consolidación de la industrialización, los herreros pierden vigencia y se reducen a un puñado de artesanos románticos que mantienen sus conocimientos y tradiciones casi que de forma esotérica y prevaleciendo en regiones como África, la India, el centro y sudeste asiático. Su mengua no condujo al fin de las civilizaciones y, por el contrario, la aparición de nuevas máquinas y artefactos generó nuevos trabajos en todo el planeta.

Hoy, creo que debemos conformarnos con ver su arte y tradición en programas tipo reality en el History Channel.

¿Desaparecerán nuestros trabajos?

Muchos empleos que hoy consideramos necesarios pueden dejar de serlo en un par de décadas, o menos.

De acuerdo con el estudio del Banco Mundial de enero del año pasado denominado World Development Report 2016: Digital Dividends, algunos de trabajos que se consideran comunes en la actualidad, serán digitalizados o automatizados. Esto significa que los podrá realizar una máquina o un programa en lugar de un humano.

También, habla de algo importante, los trabajos en los que la creatividad sea una exigencia prevalecerán, aunque esto solo sirve de consuelo a unos cuantos si miramos en perspectiva el valor y la importancia estratégica de los herreros previos a la revolución industrial. ¿Quiénes son los herreros del presente? ¿Los desarrolladores de software? ¿Los innovadores de otras profesiones como el diseño industrial?  De pronto ellos y otros más.

RO_Haval_110922Resulta sencillo mirar a los trabajos operativos que continúan su desaparición desde finales del siglo pasado, con el advenimiento de la tercera revolución industrial. Las fábricas de autos, intensivas en empleo en la era Ford y sus cadenas de producción, hace casi un siglo, hoy están tan robotizadas que apenas quedan cargos técnicos, sin importar si están en Alemania o China.

Así, en el amanecer de la cuarta revolución industrial, otros cargos se sumarán a los de los operarios de maquinarias o de cadenas de producción y los primeros en la lista parecen ser los conductores de vehículos, como taxis y camiones, los limpiadores de fachadas, incluso los mismos generadores de contenido.

Muchos ingenieros mecánicos, eléctricos, de sistemas, mecatrónicos, han comenzado a convertirse en ‘nodrizas’ de robots en las plantas de producción de soluciones de equipos de electrónica de consumo, electrodomésticos, vehículos y de otros dispositivos, principalmente en China. Este puede ser el preámbulo de una nueva era de fábricas, bodegas y otras instalaciones productivas sin humanos. Amazón y Walmart, por su parte, compiten en sus bodegas por la eficiencia y esto se traduce en el uso cada vez menor de personas en estas áreas.

Servicios amenazados

Empresas como Fedex y UPS, o como Servientrega y 4-72 en Colombia, miran con atención la evolución de los drones para convertirlos en los repartidores de paquetes de la próxima década. En el pasado CES de Las Vegas, el mundo pudo observar modelos de camiones autónomos cargados de drones que entregan paquetes puerta a puerta y de forma inteligente y educada, sin necesidad de humanos en este proceso. ¿Qué veremos en enero de 2018 en este evento?

Con la cuarta revolución, que apenas comienza, los servicios serán atacados en su esencia y comenzarán a digitalizarse la atención a los clientes de forma rápida y segura. Sistemas con ‘personalidades’ similares a las de Alexa y Echo de Amazon, Cortana de Microsoft, Home de Google, o Siri de Apple, comenzarán a desplazar inmensas cantidades de puestos de trabajo en todo el mundo, incluyendo nuestros queridos call centers¸ lo cual se convierte en un reto para los próximos gobiernos justo cuando el sector servicios apenas arranca a superar al petróleo como fuente de ingresos de la economía nacional.

De hecho, la automatización, la robotización y la transición hacia una economía digital nos enfrenta a algo más profundo y estructural en las sociedades presentes: la verdadera necesidad de trabajar de las personas. ¿Para qué trabajar si los robots y la inteligencia artificial reemplazan las fuentes básicas de empleo?

¿El fin del trabajo?

De pronto este es uno de los principales cambios. Ya no deberíamos trabajar o, al menos, no estaríamos obligados a hacerlo. Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo y propietario de la empresa de servicios de comunicaciones Claro, sugería desde comienzos de la década pasada que las personas deberían trabajar solo tres días a la semana. Raymundo Tenorio, director de la carrera de economía y finanzas del ITESM y reconocido analista económico mexicano, corrobora esta alternativa teniendo en cuenta variables importantes como la automatización y la robotización sumadas al aumento de la calidad de vida de las personas, de su edad y capacidad productiva y por lo tanto de la posibilidad incluso de pensionarse más tarde, por ejemplo a los 70 y de terminar trabajando en proyectos corporativos o gubernamentales por tres días y de hacer otras cosas, como formarse continuamente en temas laborales o personales, en desarrollar sus propios negocios y actividades lúdicas, ampliando así su productividad.

Modelos como el de Renta Universal Básica, RUB, cambia también el mismo concepto de trabajo y nos enfrenta a nuevas maneras de asumir la productividad por encima del individuo y contando la gestión de la nación para determinar cuánto se gana per capita. La RUB se recibe por vivir en una nación y todos los ciudadanos reciben una renta en dinero que equivale a lo que merecen los ciudadanos por pertenecer a un país y a lo que produce, ya sea bienes y materias primas no renovables, productos terminados, servicios o cualquier otra cosa que se cree en el futuro. Existen en el mundo tantos defensores como detractores de este modelo, algunos la critican principalmente por desestimular la competitividad laboral y la generación de empleo, pero en una nación altamente automatizada, donde la mayoría de pobladores viven en ciudades digitales y los servicios son atendidos por robots y sistemas de inteligencia artificial… ¿Quién quiere trabajar?

Los países escandinavos, liderados por Finlandia, están probando esta metodología de remuneración y han avanzado en su implementación. Seguramente otras naciones tomarán atenta nota sobre este modelo.

renta-basica-universal-550x525.pngY con razón. La RUB puede conducir a modelos inflacionarios que pueden anular el valor del dinero. Por el contrario, puede obligar a que las personas abandonen los trabajos repetitivos, tediosos o de alto riesgo, por los que se pagaría más o se dejarían para los robots, mientras se deja que las personas compitan por proyectos creativos e innovadores para generar más ingresos globales que beneficien tanto al individuo como al país.

Modelos como el blockchain, sumados al RUB, pueden cambiar el valor de las personas, de su trabajo y de su talento. Puede dejar atrás el concepto de dinero y hacer surgir un indicador nuevo, más congruente con la realidad futura, para medir y determinar la calidad de vida de las personas, la capacidad productiva de las empresas y el poder y liderazgo de los países, con lo cual se tendrían en cuenta variables incluso de sostenibilidad para determinar cuánto merece ganar una persona.

Esto también podría equilibrar los ingresos globales, permitiendo que los finlandeses ganen y los vanuatuenses también, generando bienestar en todas las sociedades del planeta.

¿Será posible? ¿Aparecerán mejores modelos que permitan un equilibrio entre trabajo, calidad de vida y bienestar? Las apuestas están a la puerta de la esquina.

 

 

 

 

 

 

 

 

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